Wednesday, October 31, 2007

UN DIA DIFICIL EN EL FRENTE

Me oyen? ...Transmito escondida, busco la forma de no ser vista ni oída porque todo esta rodeado de enemigos, ellos se han tomado el puesto y acaban con lo que se mueva. Ya no queda sino humo, sangre seca y cuerpos abatidos, pero yo no me rindo, hace mucho me oculto bajo los desechos, me limito a estirar las piernas lentamente y a asomar la cabeza de vez en cuando para ver como va la vida afuera de esta trinchera donde los días y las noches no se diferencian, porque el reloj de la guerra no respeta ni a Dios.

Claro, al principio quería salir a vengarme por los caídos, tenía ganas de abrir fuego y terminar con todo, y a veces quería acabar conmigo porque son más, muchos más que yo que estoy sola en esta pelea. O quién sabe si entre los cuerpos vencidos haya otros que también se guardan de dejarse ver, otros vivos que parezcan muertos para despistar al enemigo. No importa ellos como yo están solos, no nos sabemos, no nos tenemos de apoyo, no podemos hacernos señales mudas para ponernos de acuerdo en el ataque. No podemos abrazarnos sin conocernos, ni alegrarnos de estar vivos, porque ni siquiera tengo la certeza de quién es aliado y quién no. Esta es una guerra de todos contra todos, sin reglas, sin códigos y sin misericordias.

He recuperado el pasado para sobrevivir los días, he ido al fondo de mi memoria y me he detenido cuando era niña y no había forma de bajarme de los árboles y mis enemigos eran las hormigas, una que otra serpiente camuflada de verde entre las ramas y la dolorosa sabiduría que queda en las tripas después de comer demasiadas frutas. Recuerdo que ya en esa época sabía de la guerra, porque crecí escondida en las trincheras infantiles hechas de música, con otros sobrevivientes que me hablaban con voces de papel desde los libros, y el mundo era pequeñamente difícil.

Así que ya soy veterana en estas artes de escapar y sobrevivir, he aprendido a no creer en la inocencia de las señales que dicen que no hay problema, que puedo confiar, que el mundo ha cambiado y es mejor. A veces quisiera, pero no me lo permito porque la desconfianza me ha salvado más de una vez de los puñales por la espalda. Prefiero seguir así, y vivir para ver el otro lado de la noche, mientras me empeño en defender la única bandera que nadie se ha atrevido a quemar: La de la verdad conmigo misma, el único himno que no he olvidado, el de mi nombre, y lo entono mentalmente a pleno grito. Quizá en alguna parte existan aliados y vengan a rescatarme de estos días en que amanece oscuro, y me lleven en hombros a su base, y me pongan una medalla orgullosa por haber sobrevivido tantos años defendiendo el territorio libre y nunca conquistado de Marta, la playa salvaje y jamás ocupada de sus verdades, la geografía inalienable de sí misma.

Desde el fondo de este miedo que me consume, envío señales de humo a los que son capaces de leer el cielo. Les digo no se rindan porque yo no lo haré, no se den por desaparecidos, no se declaren perdedores en la batalla incomprensible por la vida, porque la muerte es una puerta fácil y solo la usan los cobardes.

Sunday, October 21, 2007

SI ES ASUNTO TUYO

Doce millones de habitantes de una ciudad china llamada Shenzhen cerca de Hong Kong, serán los “afortunados” portadores de una tarjeta de identificación “inteligente”, que suministrará datos exactos de su propietario: Desde dirección, teléfono, cargo que desempeña en el trabajo, antecedentes penales, historia clínica, religión, aficiones, y si se descuidan, hasta podrán contar las veces que el sujeto no llegó a tiempo a la casa porque se demoró el tren o porque andaba poniéndole los cuernos a la esposa, con quién, dónde y durante cuantos minutos.

Y adivinen de quién fue la idea?

La cosa es así: Un día de nubes grises en el cielo, los gobernantes de un enorme país llamado China, se sintieron cansados de enviar dinero y destinar tantos recursos para prevenir actos delictivos cada vez más frecuentes en las ciudades de su reino. Todo por culpa según ellos de los campesinos, que ya no quisieron quedarse a esperar los beneficios del comunismo en sus potreros, sino que se fueron a buscarlos a las ciudades, y descubrieron que la clave del juego era la palabra COMPARTIR: Compartir la pobreza, el hambre, las enfermedades, y todo lo demás que se pueda dividir y subdividir por si mismo en la carencia por supuesto, porque la abundancia no es socialista, ni capitalista, ni religiosa, ni nada.

Entonces, aparece el capitán América, y decide ponerle orden a tanto chino desparramado por todas partes y le ofrece a los honolables jefes del gobielno, un sistema basado en un software americano que, con el apoyo de 20.000 cámaras de video y un potente chip en la tarjeta de identificación -también gringos-, puede detectar hasta los pecados cometidos y por cometer de los desdichados en cuestión.

Tal como informa el New York Times, este 'software' puede identificar las caras de los viandantes, reconocer a los sospechosos fichados por la Policía y detectar comportamientos inusuales. No obstante, el control de los residentes irá más allá, de hecho, será obligatorio portar la dichosa tarjeta de identidad y su potente 'chip', según cuenta el diario.

Y como dice Gustavo Courault, fuente de esta nota, no se sabe al fin de cuentas de qué se trata este asunto, si de una forma nueva de prevenir los delitos, o de un atropello descarado contra los derechos civiles de los ciudadanos. Mejor dicho, en esta película el audio no va con el video. Es cierto que por allá sucede lo que la inmortal Celia Cruz cantaba a grito pelao “No hay cama pa´tanta gente”, pues cada año, según datos oficiales, 10 millones de chinos emigran de los campos a las ciudades y esto ha repercutido hasta convertirse en un asunto de seguridad. Pero no es posible que con esa disculpa, se viole el único derecho al que un pobre en este valle de lágrimas no puede renunciar, y cualquier gobierno del mundo está en la obligación de garantizar: El derecho a la individualidad y de paso a la intimidad.

En todo caso, la cosa no termina ahí, según el citado Times, la idea es que si la teoría de semejante solución funciona en la práctica tal como se espera, el sistema podría ser aprobado para implementarse en el resto de la nación.

Yo nada más me pregunto, ¿Quién sale ganando en este negocito ah? Y cómo es posible que suceda algo así y no digamos ni “pío”. Me acuerdo de una historia macabra que contaban en la época nazi: Un día invadieron el país vecino, pero como no era el nuestro, nadie dijo nada. Otro día se llevaron al alcalde del pueblo del sur, pero como éramos del norte no dijimos nada, después desapareció el padre de mi jefe, pero como no era mi padre, no dije nada… hoy que vinieron por mí, nadie dijo nada.

Tuesday, October 16, 2007

POR AMOR AL ARTE

Imagínense ustedes un colombiano, caleño, buena gente, decidido a irse del país porque esta vaina le quedó chica, y porque no se resignó a que fueran las circunstancias las que determinaran su ruta, sino porque quería trazar su propia carta de navegación, descubrir sus propios territorios y conquistar sus propias montañas.

El cuento es que este hombre, se llama John Jairo Palomino, director de la fundación Memoria Cultural en Miami, terco como el solito, echao pa´lante, gestor de hacha y machete, y marinero que contra viento y marea ha sostenido por puro amor al arte, una revista que ha causado las más diversas opiniones en el medio, y que publica periódicamente, con diferentes tópicos de la literatura, actividades de la fundación y entrevistas insólitas a los más reconocidos escritores del continente.

Medio brujo, porque cuando le pone el ojo a algún autor, el tipo 15 días después se gana un premio, seis meses después lo mandan con una beca a alguna parte y se convierte en el hit literario del momento. Aunque además de todo esto, es un tímido poeta, que escribe para sí mismo, y que hace poco me dejó con la boca abierta cuando leí sus poemas inconformes, que nos tiran de las orejas y nos obligan aunque no queramos a mirar de frente éste país nuestro, esta realidad latinoamericana que a veces da vergüenza.

Pues bien, con el patrocinio de la fundación Memoria Cultural comandada por John Jairo, tendremos el privilegio de recibir en Miami, uno de los autores sobresalientes de estas tierras del Señor, como es el peruano Eduardo González Viaña, autor de EL CORRIDO DE DANTE, novela premiada como la mejor del 2007 en Estados Unidos.
Este invitado se presentará en Miami, en el teatro Tower el Jueves 18 de Octubre con el auspicio del Miami Dade Comunity College y su Club de Lectura, liderado por otro querido quijote cultural José O Álvarez, y el viernes 19, auspiciado por Barnes & Noble de Coral Gables, en nuestro taller de lectura del mes de Octubre, como autor invitado.

González Viaña (Si quieren saber algo más de él, pueden leer mi blog de Julio 17: Los chamanes tambien escriben) es un hombre preocupado por la suerte de los inmigrantes, contestatario a veces, visionario otras, nos envía en sus Correos de Salem por Internet sus cartas, sus notas y sus denuncias para que los que no nos hayamos despertado, abramos los ojos y nos demos cuenta de la realidad tan difícil que es ser inmigrante y sus consecuencias buenas y malas, dolorosas y felices, complicadas y contradictorias.

Esta pequeña nota después de tantos días de silencio obligatorio, es simplemente para darle la bienvenida a nuestro invitado, para decirle que las puertas de Miami están abiertas para él, y que gracias a Memoria Cultural, podremos recibirlo y expresarle muestro respeto y admiración por su trabajo. Y para ofrecerle a Palomino un agradecimiento comunitario, por esta oportunidad y las que sé que se fabricará con esa baraja de ases que tiene bajo la manga, por abrir ese espacio tan necesario en Miami a nuevas propuestas de Latinos que nos hacen sentir orgullosos de lo que somos y de lo que intentamos fuera de la patria.

A los que me leen, les pido que los acompañen, que no los dejen solos en sus esfuerzos por conquistar espacios para construir una ruta mas ancha en el único camino que redime al hombre frente al animal: El arte.

Saturday, September 29, 2007

ESPEJITO ESPEJITO...

A quién no le pasa?

Llegar del trabajo, soltar los zapatos 5 libras más pesados que en la mañana. Ir directo al refri a presenciar la mutación de la lechuga antes verde y ahora igual a un balón de playa desinflado, el queso con un adorno amarillo que ayer no tenía y el jugo con un sedimento extraño y radioactivo.

Mirar con desconsuelo el paisaje desértico sobre la cama. Prender la TV para hacerle ruido al silencio. Recoger un par de calcetines que aguantan otra postura y tomar la imposible decisión de si me siento a leer algo aburrido o me aburro un poco más si no lo hago.

Pensar depronto: ¿A quién llamo? Y de inmediato descartar la insoportable retahíla de cómo estoy, qué no he hecho, qué no me ha pasado, qué debería sucederme y de regreso por la línea oír al interlocutor, en el recuento de sus triviales catástrofes, iguales a las mías, idénticas a las de ayer, a las del año pasado. Tirarse en el sofá con el mismo cansancio. Meterse al baño a darle un remojón al tedio, salir y mirar todos los rincones de donde solo sale polvo, pensar en reparar el electrodoméstico que lleva 6 meses inservible, prender el PC para revisar el correo lleno de forwards estúpidos, y apagar la luz para que el vacío no se note tanto.

Acostarse a mirar el techo, a pensar en cómo diablos cambio de trabajo, de rutina, de vida, y cuál será la estrategia que finalmente resulte ganadora para sobrellevar los días repetidos, planos, en fin, tan parecidos a lo que no hubiéramos querido para nosotros.

El hombre no es un animal de costumbres como dicen por ahí, más bien la costumbre es un animal ordinario convertido en hombre, inevitable y predecible. Por qué no habrá temporadas migratorias, en las que emprendiéramos un viaje a tierras mas amables. En la evolución perdimos lo mejor de los pájaros y de los peces, y solo nos quedó la temible costumbre de revolotear como insectos alrededor de la falsa luminosidad de una bombilla, encerrados en una jaula con paredes, con la nariz pegada al árbol creyendo ver el bosque, viviendo una mentira virtual en la pantalla de un ordenador.

Señores…les presento al Homo Sapiens moderno, el orgullo de Dios, el salvador del planeta. Les presento a Marta, a la mujer valiente que lo ha logrado todo, en fin, a cualquiera que se mire hoy en este mentiroso espejo.

Sunday, September 23, 2007

MUERE MARCEL MARCEAU, EL GENIO DEL SILENCIO

Por: Pilar Marrero
El mundo amaneció ayer extrañando el silencio. El silencio particular del gran mimo francés Marcel Marceau, que falleció el sábado a los 84 años de edad.

Sin duda, más de un joven preguntará: ¿quien era? Para las nuevas generaciones, acostumbradas a los efectos especiales computarizados y al ruido constante de los IPods, los video juegos y los teléfonos parlantes, el que un hombre se ganara la vida y recibiera honores por desempeñar el viejo arte de la mímica, debe sonar algo extraño.

Marceau hacía gala del silencio, y con él se hacía entender perfectamente. Decía que nada podía crearse sin la ausencia de ruido.

El mimo francés, que se inspiró de niño en Charles Chaplin y Buster Keaton, los grandes del cine mudo creaba, a diferencia de estos, todo un mundo de la nada. Siempre actuó sobre un escenario negro y vacío. No decía una palabra: sólo con su cuerpo que hasta en la vejez conservaba su agilidad y fuerza, presentaba personajes y situaciones. Arrancaba lágrimas o risas. Hacía pensar.

En persona era hablador, gentil y simpático. Escribo de él porque hace 5 años, en un camerino del teatro Geffen de Westwood, lo entrevisté para La Opinión, y el recuerdo que tengo es tan bonito, que la única foto que despliego en la sala de mi casa con alguien a quien haya entrevistado durante mis 20 años de periodista, es mi foto al lado de Marcel Marceau.

Fuera del escenario le encantaba hablar. Lo hacía en un inglés perfecto con un leve acento francés. Mientras lo hacía, estaba siempre en movimiento: se sacaba el reloj de pulsera y jugueteaba nerviosamente, con las mismas manos ágiles que después usaba sobre el escenario para representar aves y leones, amor, compasión y tristeza.

Recorrió 85 países, y a sus 79 años, cuando vino de gira por última vez a los Estados Unidos (hace 5), aún hacía cientos de shows al año. En el Geffen tuvo que extender una semana a sus quince días de contrato y en Nueva York o San Francisco, sus presentaciones se extendían a cinco o seis semanas seguidas.

Una de sus pantomimas más famosas, y que nunca faltaba en su show, era una titulada Juventud, madurez, vejez y muerte en la que, en menos de cinco minutos, Marceau representaba con gestos y movimiento, todas las etapas de la vida del ser humano, desde su nacimiento hasta su vejez.

Decía el gran mimo, que además era pintor y tenía una compañía de teatro, una escuela de pantomima en Paris y una fundación en Nueva York para promover ese arte, que su objetivo en la vida era dejar un legado: “Que mi arte viva más allá de Marcel Marceau”.

El objetivo, sin duda, está cumplido. Pero hoy, el mundo entero extraña el silencio, y la magia que de él producía, el gran mimo Marcel Marceau.

Thursday, September 20, 2007

ADOPTE UN HERMANO MAYOR

Hay momentos en que ya no aguantamos el peso que nosotros mismos -tristemente es decirlo- nos hemos echado sobre el lomo. Vamos por la vida como recicladores, recogemos cuanto desperdicio, asunto, persona, motivo, dolor y disculpa, robado, prestado, adoptado, secuestrado, regalado o heredado, no importa. Coleccionamos cualquier cosa que nos permita juzgarnos con dureza o hacernos cargo de asuntos que muchas veces no nos pertenecen. Por qué?

Alguien dijo alguna vez, que el hombre es el único animal que se juzga y se condena muchas veces por la misma falta. Y es cierto. Si un perro en la calle, tiene problemas con otro, simplemente se traban en una pelea que no termina hasta que uno de los dos se rinde, o es intimidado de tal forma que decide huir. En el peor de los casos, si los dos son camorreros y ninguno está dispuesto a ceder, pues la cosa se va a mayores y solo hay un final cuando uno de ellos cae al suelo, inconciente o muerto. PERO HASTA AHÍ. Si ambos sobreviven, y se encuentran nuevamente, recuerdan de inmediato el veredicto del pasado y cada uno asume su rol, el que ganó ganó, y el que perdió se retira y ya. Sin alborotos, sin lágrimas ni aullidos de reclamo, sin alegatos de conclusión, memoriales de agravios, pliegos de peticiones, en fin, sin nada de los que los humanos hacemos para seguir en la misma película.

Hace unos años, conocí al escritor uruguayo Carlos Arboleda, melómano empedernido, amigo de sus amigos, y enemigo de sí mismo por aquella época. Venía buscándose en una travesía iniciada en Montevideo y que ya iba por Ecuador, cuando me abordó con uno de esos piropos latinos que quizá consideraba el más efectivo de su portafolio. En todo caso, el cuento va a que nos hicimos amigos, ambos participábamos de un encuentro literario en la ciudad de Manta bajo el abrigo del patriarca cultural Horacio Hidrovo y de la Universidad “Eloy Alfaro”. Fueron días que ninguno de los que estuvimos allí olvidaremos, porque además de un espacio para exponer nuestros trabajos, nos regalaron amor a chorros de la mañana a la noche. Los escritores de la ciudad, los funcionarios de la universidad, los personajes del gobierno, los niños de los colegios, la gente del campo, los ciudadanos notables, en fin, fueron ocho días de tanto amor, que yo llegué a Colombia preguntándome a qué carajos regresaba a mi casa si allí ni me pelaban. A la misma rutina, a la misma lucha de los días repetidos en el calendario. Deprimida.

En ese viaje, una mañana salí a caminar con mi amigo de ésta historia. Nuestra conversación giraba sobre el asunto éste del cansancio, de sentir que no se puede más con la vida. Entonces él me dijo: Y por qué no te declaras “La hermana menor?” Yo lo miré sin entender lo que trataba de decir y él me explicó: Siempre llega un día en que nos toca declararnos “hermanos menores”, dejar que otros se hagan cargo y nos alivien un poco. Nos hagan sentir que les importamos y que mientras nos tomamos un respiro, ellos estarán al frente del cañón vigilantes. Una persona que reemplace esa sensación protectora y paternal de nuestra infancia.

El asunto quedó en el aire por unos días, hasta que regresamos a Guayaquil en grupo para tomar nuestros respectivos vuelos de regreso a casa. Allí una noche, en que casi perdemos la vida por andar de patí locos a las tres de la mañana en pleno centro de la ciudad, solos y con cara de turistas. Después de correr como almas que lleva el diablo para huir de un par de atracadores que nos querían convertir en su platillo del día, y de ver como agarraron a patadas a un pobre transeúnte más despistado que nosotros, Carlos decidió declararse mi “hermano menor”, y yo también decidí hacerlo, comenzando el ejercicio de mi nueva condición inmediatamente llegara a Bogotá.

Han pasado casi 4 años de ésta anécdota. Y mi hermanito menor uruguayo ha emprendido el viaje como los salmones que nadan río arriba, nuevamente a Manta a donde estábamos invitados todos otra vez, yo no pude ir, porque mi papeleo de la visa anda demorado, y él, me escribió una lacrimógena protesta desde Chile, contándome que estaba atrapado en alguna parte de la frontera, pues la cerraron por 15 días y ya no llegaría al encuentro consigo mismo, con la poesía y con ese amor abundante del maestro Hidrovo.

Yo a veces soy una hermana mayor desentendida, que lo deja trepado en la copa del árbol suplicando ayuda. A veces soy amorosa y confiable, preocupada y solícita. A veces desaparezco de sus desastres y no estoy para sus fiebres, otras no lo dejo ni a sol ni a sombra, en fin, así somos los hermanos. Así somos las familias. Así son los verdaderos amores, prometidos y comprometidos aunque lleguen tarde a donde los necesiten y el enfermo ya sea muerto a esas alturas.

“Mortus est ... ya no resollas”. (Uychhh, así decía mi tía Nena cuando yo tenía como tres años, para determinar las cosas irremediables)

Mi querido hermanito, sé que te he tenido abandonado, que he estado lejos de tus noches oscuras, de tus monstruos debajo de la cama. Quisiera estar en el lanzamiento de tu nuevo libro, del que estoy tan orgullosa como tú. Perdóname, ando también persiguiendo lo mío por el mundo, para que una tarde lejana, podamos sentarnos en el patio frutal de tu casa en Montevideo, a tomarnos todo el vino, a darle jaque mate al asado que preparas como el más experto y que aún saboreo en la memoria.

Mis hermanos mayores están lejos y me han dejado solita en medio de esta selva, pero estoy y soy y te quiero todavía, sigue nadando río arriba, que yo voy de regreso y en el camino nos encontramos.

Monday, September 17, 2007

TAMPOCO VA

Mi querida Pili:

En este asunto tienes toda la razón y te sobra un pedazo. Me recordaste a mi hermana, que siempre dice que al caído hay es que caerle, para que se levante mas rápido.

Y bueno, al margen de semejante filosofía, solo puedo decirte que si los americanos están influenciados por Horatio Alger, los latinos estamos influenciados por el cuento de la cenicienta que le tocó comer de la que sabemos, sin mamá, con dos hermanastras horribles, y brillando el piso de la casa de su madrastra hasta que llegó una hada madrina, y con su varita magica, zaz, lo resolvió todo. Nos fundieron el cerebro con la historia de Blanca Nieves que le tocó cambiarse del barrio rico de su país, donde era de la realeza -como todos nosotros los imnigrantes de USA-, al barrio pobre del bosque, a lavarle los calzones, prepararles la comida, y hacer mejor dicho de mucama de los enanos por 7 años, hasta que apareció un príncipe encantado que vino a DESPERTARLA.

Se nos fritó el seso con las historias con que cada noche nuestros inocentes padres nos llevaron a la cama a tener "dulces sueños", cuando nos enseñaron sin malicia que había que besar mucho sapo para tener derecho al príncipe y al palacio, nos rezaron la católica resignación de poner la otra mejilla. Y nos cantaron el despecho de los abuelos cuando en sus reuniones entonaban aquel...."no vuelvas a decir jamas, que has triunfado en la vida... O el nadie es eterno en el mundooooo". En fin, con semejante entrenamiento aprendimos a ser las mejores víctimas, ya sabemos que hay que mostrar la llaga supurante. Hay que causar horror y lástima, para lograr que se nos haga el milagrito de que los demás nos den nuestro lugar, nos adjudiquen nuestro poder y nos permitan ser y estar donde merecemos.

No ves que es mas fácil eso que trabajar en equipo? Que construir, y responsabilizarse por las embarradas que cometemos? Pero bueno, tal como tú dices, así como a los norteamericanos toca hablarles en su idioma y con sus argumentos para que entiendan la magnitud del problema, a nosotros toca que nos hablen como nos gusta. Duro, con el rejo en la mano. Tristemente es la única forma de entender que tenemos que cambiar o nos va a llevar el que nos trajo, de regreso a nuestros países, a seguir lamentándonos por esa triste suerte.

No va por ahí tampoco no?

Thursday, September 13, 2007

NO VA POR AHI

Quiero presentarles una mujer que escribe con los pies bien puestos en la tierra. Poseedora de una claridad y una sensibilidad especial para tratar temas que nos tocan directamente a todos los que en algún momento de nuestras vidas, pensamos que vivir en USA era una opción posible a la solución de nuestros melodramas personales, y sin pensarlo dos veces nos lanzamos de cabeza al abismo, como quien se tira de un avion a 15 mil pies de altura con un paracaídas confeccionado con la ilusa fé del carbonero, de que uno no se muere la víspera sino el día que le toca.

Por ahí dicen que cuando ella nació en Caracas (Venezuela), temblaron los caracoles en Matanzas (Cuba), pues esta hija de Ochún una vez que aprendió a escribir, a leer y a amar, no ha dejado descanzar los santos a los que les pide favores, les exige milagros y les propone cambalaches, con tal de tender puentes sobre las marejadas imposibles que arrastran año a año inmigrantes a este país del sueño americano. Ganadora del Premio Nacional New America Media Awards en el 2006 por la serie: Latinos y Afroamericanos: historias paralelas. En 1992 obtuvo el 4th Annual Hispanic Print Media Award de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas de Estados Unidos, por su "sobresaliente labor informativa en temas latinoamericanos".En 1997 obtuvo el premio José Antonio Miró Quesada, de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), por su participación periodística en una campaña sobre el voto hispano en la Unión Americana, y en 1998 obtuvo también de la SIP el premio Pedro Joaquín Chamorro de Relaciones Internacionales, por su trabajo sobre las leyes migratorias de Estados Unidos y su impacto en la sociedad norteamericana.

Desde el diario LA OPINION de Los Angeles, envia su claridad de faro inagotable, sus cuchillos certeros para rompernos la confusión, su conocimiento rotundo para transitar por los oscuros vericuetos del sistema, porque ella también pasó de mojada el charco de la vida cuando se vino dizque a estudiar inglés y se quedó. Porque como muchos remó con los brazos el tormentoso mar de la condición de extranjero, en una balsa hecha de ilusiones hasta llegar donde está. Y porque todo eso le da la autoridad moral necesaria para tirarnos las orejas cuando nos hacemos sordos y queremos intentar las inútlies soluciones de otras partes y otros tiempos.

Hoy llega a este blog, para ponernos a pensar en cosas aparentemente simples, pero que por su peso se caen y no hay quien las levante. Oigámosla, quizá como el canto mágico de las cigarras, logre despertar las piedras. Bienvenida Pilar, finalmente estamos juntas, aunque sea en la virtualidad de la nostálgia.


NO VA POR AHI
Por: Pilar Marrero

Unos hablan mandarín, y otros hablan cantonés. Un lector me corregía cuando en alguna columna yo dije que alguien hablaba chino y decía, acertadamente, que en China se hablan varios idiomas.

Agradezco la corrección, porque además me da pie para saltar a otro tema más del momento: la discusión en torno a los inmigrantes y la actitud de los estadounidenses. Creo que lo que está pasando aquí es que estamos hablando diferentes idiomas. Y no me refiero solamente al inglés y al español.

Viendo la otra noche el programa de Don Francisco, encontré muy loable el esfuerzo del comunicador chileno al querer presentar los dramáticos casos de familias que van a ser separadas por la deportación. Incluso, explicó que el programa podría ser visto en inglés en el audio alternativo, e invitó a los televidentes a grabarlo y compartirlo con amigos de habla inglesa. La cosa va por ahí, más o menos.

Pero aunque a mí me parecieron conmovedoras las historias de las familias a punto de separarse, el jovencito llorando porque le iban a sacar del país a su mamá o la suegra arrodillada en el piso con los brazos en cruz pidiéndole a Don Francisco que hiciera algo para que no le separaran a su familia, me di cuenta de que la cosa sí que no va por ahí.

Las historias dramáticas del sufrimiento de los inmigrantes, de las injusticias que se cometen, de los llantos y las muertes en la frontera, no van a lograr su cometido. Para empezar, esas historias las contamos, principalmente, los medios en español, por lo que las personas de habla inglesa no se enteran.

Segundo, aunque entendieran, dudo mucho de que la mayoría de los estadounidenses lloraría con nosotros. No porque no tengan corazón, que sí lo tienen. En mi experiencia, la mayoría de los estadounidenses son buena gente, y más tolerantes de lo que pensamos. Pero han sido criados bajo la filosofía de Horatio Alger, un escritor del siglo XIX que tuvo una enorme influencia en la sociedad, con sus historias de niños que nacen pobres, luchan contra todos los obstáculos, trabajando duro y viviendo virtuosos, hasta que consiguen fama y fortuna.

En términos generales, los estadounidenses no ven con mucha simpatía a las "víctimas", y por eso creo que es un error presentar como tales a los inmigrantes, aunque haya muchas evidencias de que lo sean.

Los inmigrantes, en realidad, somos gente en la mejor tradición de Horatio Alger, buscadores del sueño americano, que realmente trabajamos muy duro y nos sobreponemos a los obstáculos. Tenemos una historia que contar, pero no la contamos bien. Al contrario: caemos demasiado en el llanto y la acusación. Lo que hay que decir aquí, y en buen inglés, es que si siguen imponiendo leyes contra los inmigrantes, no sólo nos va a ir mal a nosotros, sino también a ellos: es la economía de los estadounidenses la que va a sufrir un tambaleo.

Hay que contarles que el que va a sufrir es su bolsillo. Ya verán cómo ponen atención