Saturday, December 20, 2008

LOS BARES


Ay mamita linda qué felicidad
ya llegó diciembre para parrandiar
…”

Antaño, si lo recuerdo bien, la vida era un festín, sobre todo en los bares, donde se unían-reunían todos los corazones de diversas tierras, calañas y pelambres existenciales y todos los vinos corrían.

Para empezar esta gozosa nostalgia verbal: diremos que sólo iban allí los Fernando González del futuro, a soliviantar pensamientos en el contacto rugoso con los rústicos provincianos cuyo tanto errar vital y mal pensar impulsaron y terminaron direccionando hacia un pensamiento directo y franco expuesto en tantos libros, semidesconocidos hoy en día, esa alma universal que buscaba la senda del hombre verdadero; esa particular manera filosófica de mirar el modus operandi del campesino de los grandes solares de engorde, animal de monte terco como una mula, bulloso a más no poder contando sus cuitas, tragos encima de por medio. Sabemos que esto lo hacía el ilustre pensador y escritor, con lo cual dejó una senda abonada que hasta ahora no ha sido muy bien imitada, con el fin de encarrilar, de transformar el pensamiento, la moral de los embusteros. El aire humano de los bares, esa concreción de idiosincrasia democrática inmediata al calor del elixir etílico, no se diferencia mucho en sus variantes vitales de la historia vivida hoy en día. Como eran estos bares, son ahora, en cuanto al complejo homo sapiens, mucho menos sapiens hoy por hoy por supuesto, cuyas pieles aceleradas y aceradas solían, suelen reunirse bajo estos techos de pasajera alegría .

También acudían, se recuerda, las Déboras atrevidas, rebeldes montadoras de caballos; claro, los ricos tenían, siempre han tenido con qué. (¡Uy! esas mujeres despampanantes si que nos cambiaron el coco, ¡qué belleza Dios mío!; éstas calles de liliputienses mentales no se merecían esas vivas aguas pictóricas nacientes). Ahora no hay mucha brecha de coloridas paletas que valga la pena o de dónde echar mano para declararnos en fiesta de formas y colores de hondura mental con vida propia, salvo la augusta fémina que catapultó en sus lienzos, fuera de los bares eso sí, nuestra manera de ser y de vivir, nuestra manera de caldearnos en la mentira social, allende nuestras feraces mangas pobladas de vigas y de ceibas. Salvo unos cuantos artistas que no siguen el camino de la norma y cuyo sabor de personas gratas se aglutina en los bares cuando la sed apremia, y salvo el furor de aquella desatada dama que si entendió el dolor de las camelias sumidas en aquellos antros de cambalache y soberbia, qué poco se utiliza la paleta creativa para plasmar los colores variopintos que resultaban ser los bares entonces, y ahora.

No hablemos duro que los aguardientes oyen. Hoy en día hay muchos candidatos y candidatas a la cámara y al senado, rondando estas plazas de social camaradería, de multifacéticas expresiones donde la vida corre parejo con los ardores que aclimatan el gaznate. Cómo ha cambiado la vida. Antes, los aspirantes al púlpito del poder no venían ni multados para que no los excomulgaran las beatas, sus santas señoras o el párroco. Ahora ningún bar es sala vedada, y entre favores y vales, préstamos y negocios, su coto de caza predilecto, es común verlos en campaña plena entre los impuros aromas que resuman nuestros rincones de cotidiana habitualidad. La más buscada y fácil cercanía proselitista del momento se conquista en los bares.

Los bares además de albergue de muchas anatomías democráticas y sociales, se han convertido en las ágoras comunales donde mudan de piel política con sorprendente frivolidad los ansiosos parroquianos, como algo muy normal de acuerdo a las necesidades materiales, como algo folclórico y comprensible de acuerdo a la filiación ideológica de las cuentas corrientes. Tampoco debemos olvidarnos de la muerte que trae a los bares su abrigo, dicharachera, camuflada siempre, entre teléfonos y cartas, sin que se la note. Cualquier día puede rodar nuestra presencia por entre las mesas de un bar. Así es la cosa del humano transpirar entre sexo, dinero y alcohol.

Pero también cuánta vida y belleza hemos conquistado allí, en los bares. El mapa turístico del ser no se ha percatado aún, ni se percatará porque eso es para espíritus selectos, de las festivas romerías nocturnas que de bar en bar pueden hacer los nocturnos moradores, algunos, hasta el clarear de un día, diferente a no dudarlo, para quien aventura su espíritu en tales avanzadas de esparcimiento y encuentros, sin peligro ni incomodidad alguna. Los hay para todos los gustos: de tango sólo donde la milonga es reina, de bailante ardor encendido donde las parejas recrean sus viejos y nuevos deseos; de latina explosión rompe baldosa, de voces afroantillanas donde recordamos de dónde nos viene a veces la tristeza del blues; de suave balada con la que abonar los besos, el reconocimiento de cuerpos lozanos y la extendida charla con nuestras mujeres hermosas; de reggae teatro y modernas expresiones para el frenesí juvenil; de jazz band y música elegante para el oído culto; de canto despechado para los que encantan su pena con el aguardiente de sus recuerdos; en verdad nadie se queda por fuera, y nadie se declara insatisfecho en cuanto a sus gustos del bell sound y sus vertientes de ebriedad anunciadas. Y con ello los amantes de las romerías galanas ganamos cada que nos embarcamos en uno de estos transcursos memorables por los bares y lugares de nuestro simpático y avigarrado devenir.
Morabares somos muchos en este planeta, sin que hasta la fecha se nos reconozca este rancio abolengo adquirido loor a los rincones y salones de grato husmear y tertuliar que existen para las damas y varones de alegre y disoluto transcurrir. Sólo los comerciantes de vieja estampa, sometidos al poder omnímodo de los secretarios de hacienda y comercio, cierran temprano. Entre sones, risas decembrinas y añoranzas, es posible apropiarse de esa arenga polifónica y humana que engalana el jacarandoso mundo de un bar, alud gestivocal que se parece tanto, en ocasiones lo pensamos, a la vida que sentimos merecer. Muchas veces sentamos la belleza en nuestras rodillas sedientas de ardor y la encontramos disponible, aunque amarga casi siempre, todo hay que decirlo. Porque después del arduo y galante aprendizaje de vida y mundo de los bares de antaño y de hoy, cuya exquisita vendimia socialdemócrata existe aún en este conglomerado de sana aristocracia, el viandante atento de esta agitada y aventurera pedagogía, se convierte en un eximio escanciante de bellezas de toda extirpe, féminas sobre todo. ¡El alba verdadera del ser -bueno, una de tantas- comienza al abrirse las puertas de los bares que nunca cierran!

La vida en los bares donde perdemos y ganamos a diario una piel social informativa y renovable, se convierte para nuestra sed de prestigio en un remolino de vivencias que conducen, a no dudarlo, al gran grito del ser, a la gran máscara de buena salud que en nuestro mapa geográfico de modernas necesidades tiene tanto ascendiente hoy en día.
Por. EDGAR TREJOS

2 comments:

Julia said...

Mucho, mucho amor en estos días para vos.

que el año comience, siga y termine bien también.

Cariños

Anonymous said...

Con bares o sin bares:
Queridisima amiga:
LO MEJOR PARA TI EN ESTA NAVIDAD Y ÒPTIMO AÑO. EN VERDAD LO MERECES, NO SOLO,POR SER TALENTOSA, BUENA Y BELLA, SINO PORQUE ERES MI AMIGA A QUIEN QUIERO MUCHO.
Pepe Vargas