Monday, June 16, 2008

SIN MORBO NO HAY PARAISO

Nuestra querida Miami es una ciudad increíble, llena de contrastes culturales, ideológicos, religiosos y raciales. Con factores que aglutinan una idiosincrasia muy particular, muy latina y muy humana. Quiero dejar claro que por contar con todos esos ingredientes, Miami es un paraíso para mí, esa mezcla rabiosa de tanto carácter la hacen una ciudad que como los grandes amores, generan en nosotros compatibilidades increíbles y a la vez incongruencias difíciles de superar, por lo tanto inolvidables.

Todo este preámbulo es para comentar el estreno de la telenovela de Telemundo: “Sin senos no hay paraíso”, y aquí en Miami sí que el tema se convierte en todo un objeto de reflexión. En esta ciudad en que la estética es un factor preponderante en muchas ocasiones y para muchos de sus habitantes, dada la competencia generada por la connotación light de la ciudad, que aparentemente refleja un ambiente en donde la tanga y el bronceador, el mar, la playa, el sol y el placer, son lo que muchos identifican de ella cuando se menciona su nombre.

En fin, en esta hermosísima Miami consagrada a nuestra señora de la “Claridad del Pobre” -debido a que acá, si nos queda bien clarito las que tenemos que pasar la mayoría de inmigrantes para alcanzar un lugar decente donde vivir, un espacio qué ocupar y el derecho a convertirnos en algo más que un número de seguridad social-, se estrenó esta noche la dichosa serie televisiva.

La historia es una adaptación de la novela colombiana de Gustavo Bolivar: “SIN TETAS NO HAY PARAISO”, que pone el dedo en la llaga de nuestra dolorosa situación social. Aborda la historia de unas adolescentes, empeñadas en encontrar una oportunidad para salir de la pobreza y alcanzar la “felicidad” por medio de la explotación de su cuerpo y la debilidad masculina por las formas femeninas exuberantes. No pienso ahondar en el valor literario de la obra, entre otras cosas porque a mi parecer, explota el tema sin alcanzar a superarlo e ir más allá, hasta convertirse en un trabajo literario que remonte el tiempo y se convierta en lo que todo escritor persigue: Algo digno de recordar. Sin embargo no me cabe duda de que es una buena trama para subir el rating y entretener a los TVnovelómanos latinos. Por supuesto, la versión colombiana, con el excelente talento nacional, logró un estrepitoso éxito en el país, espero por lo menos, que la adaptación de Telemundo no termine en lo que generalmente acaban nuestras novelas por fuera: Un intento de historia que se queda corta y por lo tanto pierde todo su sabor por falta de actores que pasen de ser mucho envoltorio y poco contenido artístico.

No comparto las opiniones de cierta escritora colombiana en Miami, que sobre valora tanto a la novela como al escritor, al punto de considerarlo la gran cosa, estoy más de acuerdo con lo que dice Manuel C Diaz, en “El Nuevo Herald” al respecto; sin dejar de reconocer que es perfecta para venderla a los comerciantes del horario televisivo que no pierden oportunidad para ganar dinero, en este capitalismo sangriento que practicamos en nuestras sacrosantas democracias.
Me causa por demás una sonrisa socarrona, enterarme de que el título de la novela se cambia para no parecer tan vulgar, en una ciudad donde todos decimos “coño”! pero nos parece demasiado brusco “tetas”, entre otras cosas porque creo que la palabra del título, ya nos pone en contexto de la clase de historia que se va a contar.
Es como si algún día -Dios nos proteja y nos agarre confesados-, a alguna programadora extranjera, se le ocurre telenovelizar la obra de Gabo “MEMORIA DE MIS PUTAS TRISTES” y comiencen por cambiarle el titulo por “Memoria de mis chicas malas deprimidas” o algo parecido. Ahí les dejo la inquietud, no se la pierdan y me cuentan.

Monday, June 9, 2008

EL TREN

Por: IGNACIO RAMÍREZ

Esta tarde se murió mi papá después de una dolorosa agonía de seis meses durante los cuales no me aparté ni un instante de su cama aunque tuve que renunciar a mi trabajo en la emisora, a mis amigos del barrio, a los paseos en motoneta llevando atrás a las muchachas que despeinaba el viento y se aferraban a mi cintura como provocativas yedras. A veces él me observaba pasar y sonreía silencioso porque era tímido como las gacelas y aunque no se atrevía a hablar de cosas tan mundanas sé que vivía orgulloso de mi forma de ser y de mi terquedad para escribir, él, que jamás leyó un libro completo pero que equilibraba ese vacío como oyente y testigo de las retretas en el parque nacional todos los domingos bajo la batuta del maestro José Rozo Contreras. En la casa ya sabíamos que si el repertorio era Mozart o Beethoven tendríamos Mozart y Beethoven todo el tiempo en su silbido porque para eso sí era un virtuoso intérprete del aire. Las danzas húngaras y las marchas militares le fascinaban. Era como un pájaro silbador que ponía música a la cotidiana elementalidad de la familia. ¡Pobre! Comenzó a enfermarse y a decaer físicamente cuando no pudo silbar más. Y me lo dijo: mijo, voy a morirme porque no solo ya no puedo ir a las retretas sino que se me murió la música por dentro. Yo le contesté piensa en la música del tren: chiquichiquichiquichiquichiquichi y ya sabíamos que tampoco volveríamos a viajar juntos en ese instrumento de la poesía con caldera, en el cual nos pasamos por lo menos la mitad de la vida, él trabajando y yo acompañándolo como un combustible de sombra que jamás se despegó de sus talones. El tren éramos él y yo. Él con sus coches restaurantes, yo con mis sueños, niño y viejo uno solo que para eso éramos padre e hijo. Él y yo éramos locomotora y convoy y conocíamos de memoria las imágenes y los olores y las cosas y las sensaciones que a través de las ventanillas del viajero de humo a la vez eran nuestro tiempo, nuestras vidas, ilusiones que pasan raudas pero se quedan lentas como los aleteos de la soledad. Ahora que se acaba de morir creo estoy preparado para todo. Sé que lo voy a amar sin aspavientos y por eso he bajado con él a este lugar tan frío a donde lo han traído para que duerma su última pereza encima de una plancha de cemento como todos los muertos que se respeten después de que los pasan al depósito de cadáveres. Aquí estamos entonces él y yo: sus huesos indiferentes, los míos temblando. Yo le aprieto con mi cuerpo estremecido y pienso por un instante que vamos en el tren como lo hicimos siempre, tomados de la mano, o abrazados o mirándonos con el amor desbordado con que se miran los padres y los hijos, especialmente cuando van en un vagón de ferrocarril y ven pasar por las ventanas el paisaje y los pájaros, los pueblos, el país, la tierra, el cielo. Eras experto en subir y bajar cuando iba el aparato en plena marcha y a mí se me salían al tiempo el corazón y las lágrimas no solo porque te ibas a quedar en la estación y me dejarías desamparado sino también por el peligro de que te desprendieras y cayeras bajo las ruedas de hierro correteando en su ir y venir alrededor del humo y el traque traque propios de la naturaleza de los trenes viejos. Pero eras un experto y cuando menos lo pensaba estabas a mi lado carcajeándote y apretándome contra tu pecho y yo enjugándome la lágrima con el dorso de la mano y dándole gracias a la vida por haberme regalado al mejor papá del mundo. Y ahora mírame desde tu inercia: mírame bien porque de nuevo trato de secar mi llanto aunque esta vez me has dejado para siempre, no sé si te quedaste en el camino ni si te trituraron las ruedas en su vértigo. Aquí solo estamos acostado tú en el cemento de la morgue y yo de pie en este tren impío que te ha señalado una estación misterio y te ha bajado quieto y mudo y tieso mientras yo lloro y lloro y lloro y lloro y siento que a partir de hoy ya la vida no tendrá sentido alguno quién ha dicho que vivir vale la pena cuando el papá se ha convertido en un recuerdo no importa que estés aquí tirado sobre esta cama de cemento ni tiene gracia que yo piense que voy contigo en tren y que en cualquier momento te levantarás para abrazarme porque acabo de acompañarte a morir en esa fría pieza de hospital donde pasé mirándote y rogándote seis meses que no te fueras papá que no te fueras que tuvieras compasión que a un hijo que tanto te ama no se le debe dejar solo ni siquiera por decreto mortal despiadado y tenebroso como este que nos corre a ti en tu vuelo de regreso y a mí en mi soledad que va a ser una carga pesada una condena inicua una jaula una sombra una herida un alarido desolación melancolía saudade mutilación un tren ya sin vapor sin humo tren fantasma locomotora negra vagones donde la muerte serpentea ciega noche siniestra tu cadáver me observa y me da pena que me veas yo llorando por ti por estar deshabitado de lo que más quería y te aprieto las manos y estás frío y te ruego que me oigas y no me oyes y me acuesto contigo y no cabemos los dos en esta plancha gélida y afuera mis hermanas se lamentan igual y se aprietan la cabeza y mi mamá se va a enterar y va a sentir también que éramos tú que eras nosotros y yo me he colado aquí en la nevera de los muertos y te abrazo y te beso y repaso la vida entre sollozos y aquel primer soneto mío que llevabas en la billetera y que mostrabas orgulloso a todo el mundo y esa felicidad de decirme tominejo o de gastarme bromas infantiles y ese regalo inolvidable que me diste lo llevabas escondido tras la cintura en un talego de papel eran bocas, narices, ojos, orejas, bigotes y sombreros con alfileres y podías hacerte la cara de un muñeco con una manzana o una papa, un cartón o una almohada y nunca ha existido un regalo tan espléndido y luego ese padrino que me escogiste para no sé qué sacramento que me llevó Corazón el primer libro de la vida y me dejó perplejo de felicidad ante la luz de las palabras como perplejo estoy ahora que tendré que llevarte en un cajón y permitir después que te metan en un hueco profundo entre la tierra un hueco de donde ya no saldrás jamás porque fue un espejismo haber ido contigo de tren en tren por todos los caminos no sé qué voy a hacer entonces me volveré trashumante de angustia como Azhaverus y por donde quiera que vaya todo el mundo sabrá que vengo de algún tren que soy el ser más solitario de la creación y de la historia que te quiero muchacho viejo silencioso tímido generoso campesino como nadie ha existido tan humano y si es posible llévame contigo te prometo aprender a subir y a bajar los vagones de la muerte en marcha y te doy mi palabra de derrotar el miedo y te prometo lo que quieras de mí aunque jamás me hayas pedido nada pero te necesito y nada me llenará la vida si no eres tú tu mano tu mirada tu primitiva forma de ser bueno y ahora quién va a creerme que tanto te quería quién va a saber que el resto de la vida veré de lejos los trenes con tristeza y que en el humo de las locomotoras te veré y que ahora ya han llegado por ti los individuos de la funeraria y yo me quedo solo y ya el resto de la vida no tendrá sentido. Y antes de que te vayas te confieso que gracias por aquel soneto en tu cartera y gracias por haber sido el mejor el campeón el único el papá llévate el tren tómalo todo yo te alcanzo y como sé que un día se acabará el carbón yo me iré caminando por debajo de la tierra buscándote para elevarte porque tú y yo somos más del aire que del suelo.

Sunday, June 1, 2008

MIENTEME POR PIEDAD YO TE LO PIDO....

Catalina de Siena a su 26 años fue la primera mujer que tuvo claro que para lo que había que ver mejor apague y vámonos, decidió a los 26 años, dedicar su vida a Dios contraviniendo los planes de sus padres de casarla. Esta situación la llevó a encerrarse en su habitación a maltratarse no comiendo consiguiendo ingresar al final en la orden dominicana pero con la mitad de su peso.

El prestigio de Catalina de Siena se extendió rápidamente y tras su muerte, a los 28 años, contaba con muchas seguidoras religiosas. Aparecen muchos casos de anorexia en las religiosas de la edad media. El ayuno era un medio para que el espíritu triunfara y no la carne. Estar sin comer era considerado como un signo de santidad. A esta anorexia sufrida por el seguimiento a Dios se llamó " Anorexia santa". Nada qué decir de Santa Lucía que se sacó los ojos para no ser atractiva a los hombres.

En la antigüedad las mujeres hacían ayuno para ingresar a órdenes religiosas y ponerse a salvo del alcance de los hombres y sus tentaciones, que gracia, definitivamente el mundo es redondo y siempre se retorna al punto de partida, solo que hoy en día dejamos de comer para mantenernos activas y vigentes a las tentaciones de la carne y no ir aparar con nuestros gorditos y arruguitas de patitas a algún convento.

Qué difícil es crecer en esta época. La competencia lo mide todo, es el indicador implacable que muestra el puesto que ocupamos en la comunidad. Los standars son absurdos y como si fuera poco, cada día se establecen nuevos records que los hacen más inaccesibles. Toda esta carrera tiene un costo que no conocemos a fondo. Estudio en una escuela de estética, convivo con el tema, y creo empezar a entender con horror las consecuencias. Mujeres entre 20 y 35 años completamente obsesionadas por el drama de envejecer, hermosísimas pero sin conciencia de su belleza y por lo tanto empeñadas en que otro agregue belleza a lo que ya lo es. Varias de ellas en recuperación de anorexia, depresión y otras patologías que crecen en el maravilloso caldo de cultivo que es la falta de autoestima.

Lo peor de todo, es que usted, yo y todos tenemos la culpa de lo que sucede. Todos entramos sin reparos en el juego mediático de la belleza prefabricada, todos estamos obsesionados con alcanzar las medidas perfectas en el gimnasio, mantenemos rutinas de escarnio delante de nuestros hijos, nos referimos a lo que necesitamos en términos de no desear nada menos que lo que se ofrece en el comercio para las mujeres hermosas y los hombres irresistibles: Sexo, dinero, éxito, felicidad. Miren el caso de Michael Jackson.

Hasta la sabiduría popular se revalúa. Hoy en día ya no vale el argumento de que la belleza esté en el alma, porque como dijo una amiga mía...”eso lo dijo una fea”.Y la hermosura se compra en el supermercado, en la tienda de proteínas y esteroides, o en una mesa de cirugía y ya no hay feos sino pobres. Actualmente el hombre no puede darse el lujo de ser como el oso: -que entre más feo más hermoso-, porque las mujeres ya no nos conformamos con los amantes de la hibernación (léase palomitas de maíz y deportes en TV todo el fin de semana.) Y bueno, todo se reduce a un par de cachos bien puestos en la cabeza del que se descuide. Qué tristeza, hemos vuelto a las épocas de la premisa reproductiva en nuestra especie. El espécimen “más apto” es el elegido, no importa si su aptitud es anabólica, de silicona o se induce con pastillitas azules al momento de tener que demostrarla.

El sexo entre dos ya no es suficiente, el terror a la soledad es una enfermedad endémica, y nuestros hijos nos ven cambiar de pareja como de vestido en esa carrera idiota por conseguir no estar solos frente al espejo cada mañana, por alcanzar la gracia y darnos el lujo de despertar acompañados. Mejor dicho, hoy tenemos conciencia de plastilina, flexible, adaptable a todas nuestras paranoias. Y después nos preguntamos porqué se revelan, pelean y se van.

Amigos, piénsenlo bien....hoy día no es importante ser, sino parecer. Qué herencia tan orgullosa la de nuestras futuras generaciones, qué linaje, qué casta, qué vergüenza. En fin, les dejo un par de videos, uno independiente y otro de la FUNDACIÓN DOVE PARA LA AUTOESTIMA, una institución que cree que a pesar de toda la porquería que nos domina, tenemos salvación.

http://www.youtube.com/watch?v=k7PKq6ESyL8


Tuesday, May 27, 2008

A LA VIRGEN TAMBIEN SE LA TRAGÓ EL RÍO

Imagínese, el tiempo se regresó y estamos en las mismas. Hace quince años yo tenía los pelaos pequeños, llegaban por las tardes de la escuela y armaban una trifulca del demonio con una pelota de trapo. No había quién los entrara en las noches a pesar de lo oscuro, pues no teníamos alumbrado ni antes ni ahora.

Y de repente se nos vino el invierno, el río se puso agrio, mugía como un toro bravo desde arriba, vomitaba maleza, piedras y porquerías. Se nos vino encima esa noche quel Yonatan andaba por fuera y nosotros solos, abandonados a la voluntad de las piedras que bajaban, de la gente que bajaba con la corriente y gritaba pataliando pá no ahogarse, pero cada vez que abrían la boca se les llenaba de mierda.

Yo saqué lo que pude, una muda de ropa pál chino y más que fuera un biberón, el resto se quedó allá flotando en la casa. Lo más que me duele es la medallita de "la milagrosa" que me regaló mi mamá antes de morir. Me dijo mija, póngasela los domingos pá misa y los días que tenga problemas con el Yonatan, esta virgen es de las importantes y si le reza, de seguro le hace el milagrito. Qué va, allá quedó guindada de la cabecera de la cama, a ella también se la tragó el río.

Cuando eso yo no tuve más remédio que volver a los días, y limpiar todo ese tiradero o mejor dicho, lo que quedó de la casa. Y digo que era esa, porque reconocimos la bandera de Colombia toda puerca pegada en el poste de la luz de enfrente y el atado de sábila pá la buena suerte que colgaba del pedazo de portón de la casa. Hace quince años no teníamos pá donde coger y ahora tampoco.

Esta vez por lo menos los pelaos son grandes y ayudan, sacan escombros, traen agua, se meten hastal ombligo entrel barro y recobran una que otra cosa que nos pueda servir. Porque nos toca volver, no nos queda más remedio, no tenemos a dónde ir, ojalá dentro de unos años no nos agarre este asunto a mi marido y a mí solos, porque ahí sí que nos traga el río aunque yo siga rezando.


(A raíz de la ola invernal en Colombia/ 28 Mayo 2008)

Thursday, May 22, 2008

QUIERO UN ORDENADOR DE LAS FARC (Como el de Raúl Reyes)

Ayer entré a una tienda informática en el centro de Barcelona y pregunté por el precio de “un ordenador como el de Raúl Reyes”.
- ¿Y ése quién es?, me preguntó la dependienta con cara de asombro y acento catalán.
- ¿Cómo que quién? El jefe guerrillero ése, al que mataron por allá en la frontera 'colombo-palestina'. Fue un bombardeo de padre y señor mío. Arrasaron con media selva y su ordenador quedó intacto.
Saqué un recorte de periódico que guardo con esmero en mi billetera, lo desdoblé con sumo cuidado y comencé a leer con el ritmo de un locutor de radio caribeño venido a menos: “Se usaron 10 bombas GBU 12 Paveway II de 500 libras, que dejaron cráteres de 2,40 metros dediámetro por 1,80 metros de profundidad. El explosivo de esta bomba puede ser guiado por láser, GPS o tecnología intersensorial (INS). Esta bomba fue muy usada durante la Operación Tormenta del Desierto, en Irak. La mayoría de las bombas cayó en el área de dormitorios y de adoctrinamiento del campamento. Se encontraron vainillas de proyectiles 0,50 disparadas por ametralladoras emplazadas en helicópteros”.
Doblé mi recorte, lo introduje nuevamente en la billetera y le dije, después de todo eso, el ordenador no sólo quedó intacto sino que han encontrado enteritos, los archivos de Mis documentos, la Papelera de reciclaje, de Correos enviados, de Mis sitios de red, Mis conversaciones con Hugo, Mis préstamos a Correa.... ¿Qué tiene un guerrillero que no tenga yo?
La mujer comenzó a ponerse nerviosa ¿Por qué un ordenador mío, si se estrella contra el suelo, estará fundido para siempre? ¿O si le caen tres gotas de cerveza en el teclado ya perderá todos los archivos? Yo quiero un ordenador como el de Raúl Reyes, pague lo que tenga pagar.
La mujer, que ya no sólo no creía sino que no entendía ni jota de lo que le iba diciendo, me sonrió con su falsa sonrisa de vendedora frustrada, levantó la mirada sobre mi hombro y dijo con su voz lapidaria.
El siguiente, por favor.
------------------
Escrito por Felipe Villa de la Torre al cual mando un fraternal abrazo.
Tomado del blog "MODESTpa" del periódico El País de España, con autorización de su autor:

Sunday, May 18, 2008

UN VIAJE AL CIELO

Por: Juan David Orjuela

Un día me llamó un amigo muy viejo, pues después de la suspensión de la universidad casi todos son viejos. Se me hizo raro por que mi celular ya no suena si no para la rutina de todos los días, hace rato no hay llamadas que me interesen, a veces quiero votar ese hijueputa celular.

Me dijo que me fuera con el para el nevado del Cocuy otra vez, que ahora si íbamos con toda. Yo sabia que si me iba me iba a sufrir. El Cocuy es una montaña para sufrir pero también para crecer interiormente. De una le dije que si, por que yo a todo le digo que si, así sea para quedar como un culo.

Antes de irme estuve pensando en qué otro plan había para semana santa: Villa de Leiva, pero era llegar a emborracharse a volverse loco en un pueblo rodeado de droga y ladrones. Faltando un día hubo pelea en mi casa por que mi hermano va mal en el colegio y como siempre los problemas terminan en Juan David, bueno es parte de mi castigo, pero en ese momento me decidí, me voy para el Cocuy.

Un lugar donde la primera vez casi me matan Yo le echo la culpa al instinto de madre que es una mierda. Ese mismo día decidí no levantarme ni si quiera a orinar por que sabía que después no iba a poder descansar. Al levantarme me sentí súper raro, chiquito, me despedí de mis papás y salí de mi casa y vi el mundo como un monstruo. Yo que me la paso por la calle no entendía por que tenia miedo, me dieron ganas de ver a mis papas a mi hermano, me sentía solo.

Llegamos al terminal en un taxi donde el taxista era un hampón, se había cambiado al turno de día por que una vez por la noche lo apuñalaron en la cabeza. La gente nos preguntaba que para donde íbamos, y cuando les decíamos se reían, pero era una risa maligna, perversa, casi diabólica. Hasta me daba mal genio, por lo menos nosotros teníamos las guevas. Pero estaba asustado, un amigo se quería echar un porro, pero como en el terminal hay tanto policía, tocó salir, y cuando estábamos medio alejados, un amigo vio unos ladrones, los ladrones mas obvios, esperando a ver quién pasa por ahí. Entonces nos devolvimos y uno nos alcanzó a gritar “oe parcero hágame un favor, venga” yo de una le dije no con la mano.

Finalmente nos metimos al bus, mucha gente que iba para el Cocuy puros viajeros como nosotros, sin un peso pero mas drogadictos, me asusté, jueputa por qué no me quedé en mi casa, yo no encajo acá . Viajamos toda la noche, sin poder dormir, 12 horas y cuando uno estaba medio dormido requisa, el ejercito a requisar, cedula y nombre... llegamos al pueblo del Cocuy, un carro nos subió hasta donde se acaba la carretera, más o menos a los 3.300 mts, eran las 6 am y decidimos caminar, llevábamos mercado para 6 días, íbamos súper pesados, súper pesados ahh pero qué paisajes, eso era lo mejor.
La intriga de que había detrás de cada montaña un nuevo paisaje totalmente diferente, un valle, un boquerón, un desierto, abismos , etc. Caminamos, como ningún otro día, me acostumbré a ver las maletas de mis amigos a leer las marcas de sus sleepings y a verlos moverse como camellos con un sol engañoso, muy leve pero nos quemó a todos.

Me acostumbré a ver como paraba mi amigo con el que cambiábamos la posición de 1ro a 2do, se detenía y se paraba en un pie para dejar descansar el otro y ponerse las manos en la cintura, y a mirar hacia arriba con ese sudor en la cara y después continuar. Se le veía la actitud, por que una cosa, lo único que lo salva a uno de esa montaña es la actitud, nada más. Caminamos hasta las 4pm cuando el viento se puso pesado y empezó a perderse el sol, el sol que es tan deseado en esa montaña. Cuando el sol lo toca a uno es como meterse a la ducha con agua caliente después de estar desnudo afuera con frío, es un descanso total, como después de ir al gimnasio botarse en la cama y ese dolorcito de cuando uno esta molido que a veces es hasta rico.

Acampamos al lado de un riachuelo, con un puentecito de 3m por 1m. Habíamos caminado mucho y los hombros los teníamos desgarrados, al moverlos nos sonaba todo. Cocinamos, éramos como gamincitos alrededor del fogón, entonces me puse a mirar como caía la noche. Ya era casi oscuro y estábamos rodeados de puras montañas. Y mirando el mapa vuelto mierda por el viento, me di cuenta de que estábamos en una de las esquinas del Cocuy. La esquina de arriba a la derecha, por que como es una sierra hay varios picos. Había muchas rutas que no nos servían, pues no teníamos grampones, ni equipo de nieve, ni arneses. Me acordé del guardabosques cuando me dijo “si se pierden siempre echen hacia la montaña, siempre”, por que si uno llega al otro lado del Cocuy, a los llanos orientales, un nombre que me sonó muy imponente y el tipo nos dijo “en los llanos, no sobreviven” es un bosque gigante virgen y es más probable encontrar civilización en la montaña que en los llanos. Esa noche no dormí, de 6pm a 6am en una carpa sin sueño y con una claustrofobia impresionante pero sin perder la actitud.

Estaba en la mierda del mundo, lejos de mi casa, solo solo , en los viajes que yo he hecho, no me había sentido tan solo y tan lejos, más lejos que en cualquier otro viaje. Al otro día con mal genio por no dormir pasó una mula con un enfermo, tiene soroche decía el tipo, el mal de alturas que llaman, al rato pasó otra mula de afán, ....dónde esta el enfermo!! No acá no es, hay un enfermo con edema!! Jueputa que miedo, la montaña no es cualquier viajecito como de irse a joder, es una cosa muy seria y a nosotros que todavía nos faltaba harto por subir apenas estábamos a los 3.900 mts.

Al otro día, el reto era llegar a la laguna de la plaza. Que laguna tan impresionante, reflejaba todos los nevados, yo no sé por qué pero esos paisajes me causaban felicidad, como la película de Alexander que el tipo viaja por todo el mundo en busca de su felicidad, me causaba intriga también saber que hay detrás de cada montaña. Y mi amigo tenia mucha razón, las cosas mas chéveres están donde el hombre no ha pisado.

Ver el amanecer no tiene precio. Me sentía único al ver todo lo que mucha gente no ha visto nunca. O que piensa que yéndose para el exterior lo encuentra, obviamente mi música no podía faltar, era parte del paseo y era parte de la fantasía, de la magia.

Al amanecer miré el mapa y me puse a pensar que si me asomaba a esa montaña, por ahí iba a ver los llanos, entonces me fui con mis 2 amigos. Ellos con ganas de tocar la nieve y yo con ganas de ver el otro lado. Subí y subí y los veía a ellos allá pequeñitos Y subí y subí, hasta hacer parte de la nube y perderlos totalmente. Ya me sentía bruto por la altura, en ese momento no me importó perderme, sólo quería seguir subiendo como niño chiquito, con esas ganas de ver al otro lado, con esas ansias que tiene un niño al subir las escaleras de un rodadero, pero perdí el sentido de la perspectiva, lo que me parecía corto estaba muy lejos. Ya sabía que estaba perdido y solo en la montaña. Pero estaba subiendo eso si no hay duda y dando zancadas para no perder tiempo. Llegué, pero no miré de una al otro lado, me quedé un ratico en el borde sin asomarme, entonces noté que estaba muy contento, muy muy contento, agitado pero feliz.

El viento soplaba en forma (5.000 mts) cogí una piedra y la lancé al otro lado no se oyó nada, alcé la mano y la asomé al vació y empecé a tocar la gran roca que me sostenía y me di cuenta que era yo en una roca gigante que tenía forma de ola y yo estaba en la punta de la ola mandando la mano y no tocaba nada, hasta que toqué la roca y era delgadita, la distancia que separaba mi pecho del vació era una roca delgadita me asusté y entonces me asomé a ver si mi imaginación me estaba engañando y de repente veo la cosa mas impresionante que e visto, me sentía como cuando por primera vez vi el mar, los llanos orientales vistos desde muy alto, una planicie impresionante con un rió como una culebra que se perdían al fondo al fondo, por que ya mis ojos no daban para mas!

Es un humanito asomándose por una esquinita de la montaña para ver el otro lado. Después de mirar atrás y ver esas montañas tan impresionantes, tan pendientes, tan desafiantes, y más allá ver todo lo contrario: Un llano que me hacía sentir como paz, no sé por que diablos me entró el susto y me volví a meter, pero dije, no jueputa yo me tengo que asomar otra vez, y me asomé y no vi nada. Cayó la neblina, casi no me podía ver ni las manos.

Bajé súper contento, pensé que ya había logrado lo que quería. Ya me podía ir del Cocuy, bajé hasta la nieve donde me encontré con mis amigos jugando como niños chiquitos, vi cosas muy chéveres, yo pienso que el mejor diseño es el de la naturaleza, las cuevas de nieve, unas formas súper raras congeladas y la nieve por debajo tenia un azul neón muy muy bonito como el cielo que después se convertía en blanco, como un mar congelado, figuras en forma de olas enroscadas, estalactitas de agua congelada y una cueva de hielo que por debajo le pasaba un rió chiquito y hacia una pequeña cascada. Ese día me sentí privilegiado de saber que hay mucha gente que paga para conocer cosas bonitas impactantes, pero en el Cocuy no vale la plata, el Cocuy deja pasar al que quiere, al que no se asusta y al que se acostumbra a comer mierda.

“Dicen que Dios a veces perdona a los hombres, la naturaleza nunca”

Sierra Nevada del Cocuy
23 de Marzo del 2005

Sunday, May 11, 2008

PLEGARIA

Madre,
mi perro amaneció muerto y nadie me explicó porqué
mi pueblo es un montón de escombros
y mi ángel de la guarda
quedó pegado en la pared de la alcoba que ya no existe

Porqué todos están callados?
A quién puedo preguntarle por los dias que perdimos
por los surcos que ya no sembraremos
por la escuela
por las palomas que espantadas se fueron de la ceiba

Madre,
tengo un miedo nuevo en el pecho
una rabia sorda en los oídos
una queja muda en la boca
una pregunta sin respuesta en las manos

Enséñame una forma segura de escapar a la tortura de tus ojos vacíos
júrame que tu amor no saltará en pedazos como nuestra casa anoche
cántame antes de dormir una canción con futuro
regálame un motivo para no querer vengarme cuando sea hombre

Tuesday, April 29, 2008

EL MAPA SIN TIERRA DE UN POEMA

De Joaquín Gálvez conocí primero su poesía, me la tropecé entre ese planeta de papel en que vivo y que persigo todos los días en las librerías. Como siempre buscaba algo que me sacudiera el alma, algo que alimentara el hambre insaciable de combustible para continuar la tarea de escribir. Al leerlo se me llenó la cabeza de palabras, los dedos me picaron desesperados por encontrar algún teclado, un pedazo de papel en blanco, un lápiz, algo para dejar salir la emoción que me produjo. Por no tener a mano nada que sirviera, no tuve más remedio que atacar su libro “ALGUIEN CANTA EN LA RESACA” llenarlo de notas, contradecirlo, criticarlo, admirar su genial manera de decir lo que yo tenía por dentro. Esto es lo que genera siempre un buen escritor, no en vano decía Borges que lo primero que nos surge un momento así, es envidia de la mala al pensar ¿cómo diablos dijo él exactamente lo que yo quería decir y no he podido?

Enseguida lo llamé, me presenté y le dije que lo quería conocer. Me contó de su poesía, de su vida, porque uno escribe lo que vive. Me habló de su Cuba del alma, de sus amigos, me prestó los binóculos con que mira el mundo más de cerca. Me dio las coordenadas donde encontró sus poemas, me mostró el tamaño de sus heridas y la dimensión de su talento. Pero todo me lo dijo como si no me dijera nada, como si nada de ello revistiera gran importancia, porque en realidad las cosas importantes de la vida parecen insignificantes. Me leyó con esa voz intima con que se comparte un misterio, algunos de los borradores de su nuevo libro que yo sentí verdadero y profundo. Ahora al regresar a Miami, y salir de cacería entre los libros, me encuentro con su TRILOGIA DEL PARIA ya publicada. Al abrirla recibí lo que esperaba: Un knock-out directo al mentón en los dos versos iniciales de su primer poema…

"Señores, hace cien días que mi pecho no es catástrofe.
Se está celebrando una peregrinación en cada latido
”.

Y de inmediato encontré mi paria interno aullando a gritos por la misma hecatombe, porque solo los desastres crean el poema. Y recorrí su trilogía geográfica con afán de descubrir las latitudes secretas que me situaran en el mismo naufragio, en el mismo dolor por el amor perdido, en el mismo surco de la trinchera en donde Joaquín enterró sus ilusiones. Y me vi recitar la misma súplica por una crisis que remueva lo felizmente estático y saque a flote lo inestable y cambiante que al final es lo único que puede moverse de su sitio y crecer.

Visité la isla donde quedó la inocencia despilfarrada por la euforia de su amor multimillonario y obsequioso, con una cuenta de ahorros rebosante de lluvias, y un corazón estudiante, ávido de palabras nuevas para publicar a los cuatro vientos sus ganas de vivir. Lo seguí a New Jersey para conocer cómo se hace poesía debajo de la tierra y aprendemos a ser verdad en ella y no un remedo de hombre. Allí descubre Joaquín motivos con que seguir, aprende algo difícil para la mayoría de exiliados: Que el horizonte es su verdadera casa, que un poeta no tiene fronteras, ni nacionalidades, que no hay cómo atrapar su alma viajera ni cómo ponerle condiciones. Y por esa ruta de luz lo reencontré en una librería de Miami, donde se declara hijo bastardo de Norteamérica que aprendió a cantarse a si mismo y que por su misma condición se decreta hijo legítimo de este mundo. Donde nos regala una predicción que no quiero contarles pero espero que conquisten.
A este territorio confluiremos inexorablemente por su poesía todos sus lectores. A la tierra de los Parias, un lugar común y extraordinario donde nos sabremos tan bastardos como él, y tan legítimos como sus poemas.